¿Es Apple el nuevo villano?

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por Sergio Montoro
CEO Knowgate

Fue a Jaroslaw Staniek a quien, por primera vez, en 2007 le escuché afirmar con rotundidad en KDE Developers que en los nuevos lanzamientos de Apple y Microsoft, en realidad, el producto eran los usuarios. Se refería a la forma en la cual estas empresas venden el acceso a la base de usuarios a terceros estilo Apple App Store.

Pero Apple está cometiendo un craso error con la forma en la cual está gestionando sus relaciones con los desarrolladores. Una de las quejas que solía escucharse de Apple es que sus fans lo eran de una forma fanática e incondicional. Pero eso está cambiando, y muchos programadores están empezando a percibir a Apple como el nuevo villano. El error fundamental de Apple es pensar que pueden vender software como venden música en iTunes: ellos son los propietarios de los usuarios y si quieres llegar a los usuarios, entonces tienes que aceptar sus términos.

Apple cautivó el corazón de los compradores con la innovación y el diseño de sus productos, pero lo está perdiendo al transmitir la sensación de que no le importa fabricar cosas en países que no respetan los Derechos Humano

Las discográficas tuvieron que aceptar, de mala gana, los términos impuestos por iTunes, pero ya quedó claro en una época de la informática tan temprana como los 80 que este modelo de intermediación es muy difícil que funcione para el software. El motivo es que las aplicaciones evolucionan de una forma más rápida, y para los desarrolladores es fatal tener que enviar una nueva release a un intermediario cada vez que se descubre una brecha de seguridad o hay que corregir un defecto software. Como consecuencia de lo anterior, es frecuente que la versión de una aplicación que hay en la App Store no sea la última ni la mejor. Apple piensa que su proceso de aprobación de aplicaciones ayuda a los usuarios asegurando la calidad, pero en realidad lo que hace es ralentizar la corrección de errores y facilita que los usuarios de otras plataformas menos reguladas obtengan actualizaciones más rápidas y fáciles.

Apple puede permitirse el lujo de imponer unilateralmente sus condiciones porque su hardware se vende como pan caliente. Pero en el proceso están perdiendo el corazón de los prescriptores fanáticos y, como ya se demostró con la contienda Microsoft vs. Software Libre, hay que vender al corazón de las personas, antes que a su cabeza, porque éste último está quince centímetros más próximo a su billetera. Y Apple cautivó el corazón de los compradores con la innovación y el diseño de sus productos, pero lo está perdiendo al transmitir la sensación de que no le importa fabricar cosas en países que no respetan los Derechos Humanos, ni tampoco le importa cultivar y mantener buenas relaciones con su comunidad de desarrolladores.

Una cosa sobre la que Google puso un cuidado extremo desde sus comienzos fue aquel famoso lema “Do not evil”. La compañía hizo hincapié en esto desde el principio, incluso cuando nadie les tomaba aún en serio. Y esto es porque Larry Page y Sergei Brin sabían que para una empresa es fundamental mantener la imagen de buena conducta. Sin embargo, Apple se comporta de la forma exactamente contraria: no les importa meterse en pleitos con Microsoft, RIM, HTC o con quien sea, por algo tan impopular como las patentes de software. Aunque no quieran creerlo, Apple necesita a los desarrolladores por dos motivos: primero, porque las personas a las que maltratan son las mismas a las que necesitan contratar y, segundo, porque las aplicaciones determinan el éxito o fracaso de una plataforma de hardware.

Microsoft sufrió muchísimo a finales de los noventa debido a la imagen que se labraron de ser el Imperio frente a la Alianza Rebelde. Los programadores realmente sobresalientes escasean y, por tal motivo, pueden elegir trabajar donde prefieran, incluyendo la opción de rechazar a cualquier empleado por una cuestión de principios. En lo relativo a las aplicaciones, Apple debería recordar que fue VisiCalc lo que forjó el éxito de Apple II, mientras que la compañía NeXT, fundada tras la salida forzosa de Steve Jobs de Apple en 1985, sólo tuvo un muy limitado éxito comercial, a pesar de contar con dos pesos pesados como Steve Jobs y Ross Perot, debido en gran parte a la carencia de aplicaciones estrella. Muchas de las mejores aplicaciones empiezan resolviendo un problema personal del desarrollador que las creó. Si existen tantas aplicaciones para iPhone es, en gran parte, porque hay muchos programadores que tienen un iPhone. Pero si Apple les sigue imponiendo unas condiciones tan duras, estos desarrolladores un buen día simplemente cambiarán iPhone por Android y empezarán a desarrollar para el sistema operativo de Google en lugar del de Apple. Así de sencillo.

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