Entrevista | Portada

Q.bo, el primer robot con la cabeza en la 'Nube'

“La filosofía de este proyecto es que la gente genere información y al final la comparta, al más puro estilo open source”

Francisco Javier Paz
CEO, The Corpora Robotic Company


Datos biográficos

Francisco Javier Paz Rodríguez nació en Oviedo el 5 de Marzo de 1969, trasladándose su familia a Düsseldorf (Alemania), donde vivió durante siete años. Realizó estudios de Marketing y publicidad, aunque su gran aficción siempre fue la informática. En este campo lleva desde los 14 años, iniciándose con un ordenador Spectravideo 318. Como bien explica, “he vivido todos los inicios de la informática desde el principio: a los 19 años ya escribía en multitud de publicaciones informáticas y algún que otro periódico de tirada nacional, y a los 20 fundé mi primera empresa de videojuego”. Actualmente, con The Corpora Robotic Company, Javier ha sido artífice de 6 empresas, todas ellas en el mundo informático, siendo quizás ONDATA la más representativa de todas.

 

  • En el campo de la robótica emerge con fuerza un producto español. Q.bo se posiciona como el robot que abrirá nuevas vías en la inteligencia artificial. Y ello gracias a conceptos como open source y cloud computing. Entrevistamos a Francisco Javier Paz, este Gepetto moderno que sueña con hacer de su robot un niño de verdad.

Francisco Javier Paz, posa sonriente con Q.bo.

Cuando uno comienza a hablar de Q.bo, la primera idea que brota rápidamente de la cabeza, sobre todo al ver su imagen en la web de The Corpora Robotic Company, es la de un juguete: un simpático robot capaz de mantener conversaciones con sentido. Pero la realidad va mucho más allá. En nuestra conversación con Francisco Javier Paz hemos descubierto un robot con capacidades ilimitadas, desarrollado por y para la comunidad, y, lo que le hace mucho más atractivo, al alcance de todos: con apenas una inversión de 600 euros, podrás hacerte con uno. En palabras de su creador, “uno se dará cuenta de que día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, su robot es más inteligente”. Comienza la era de la inteligencia artificial bajo la filosofía del Software Libre.

 

Gaceta Tecnológica. Dicen los tópicos tradicionales que los robots vienen de Asia. ¿Cómo se atrevió un español a adentrase en este mundo? ¿Crees que Europa puede competir en igualdad de condiciones con los productos japoneses o coreanos?
Francisco Javier Paz.
Europa ya lo está haciendo.
En el mundo actual de la robótica se pueden percibir tres tendencias: por un lado están los japoneses, que en mi opinión, se están quedando atrás aunque se siga teniendo la imagen de que este país es el paraíso de los robots; por otro lado aparecen los americanos, que están empezando a avanzar y acaban de recibir mucho dinero del presidente Obama; y, por último, Europa, que está pegando muy fuerte ahora mismo.
Japón tiene muchos sistemas mecatrónicos. Pero, ellos se dedican principalmente a dos cosas: a patentar y a utilizar después los aparatos como sistemas de marketing y de venta. No voy a dar nombres, pero todos sabemos cuáles son los mejores robots y lo que hacen al final. Son impresionantes, pero de inteligencia artificial, poco. En este sentido siempre hablo de Marvin Lee Minsky, el padre de la inteligencia artificial. Él se suele quejar en sus conferencias de que la robótica está enfocada a temas de mecatrónica, y que nadie hace nada por la inteligencia artificial.
Los americanos, a través de Willow Garage, son ahora los números uno.
Y en Europa, hay varias empresas que están haciendo cosas muy interesantes. Hace poco conocimos a los de Aldebaran Robotics, que tienen un robot bípedo muy interesante. Es un producto muy, muy bueno y son franceses. En Barcelona está Pal Robotics. Y luego, nosotros, que  parece que estamos creando bastante expectativa en Internet y las perspectivas que tenemos son muy buenas.

El problema que tenemos aquí es el de siempre: que nadie cree en ti hasta que no tienes un proyecto asentado y ganes mucho dinero. Qué le vamos a hacer, seguiremos esperando o tendremos que irnos. En nuestro país no hay mentalidad innovadora

Por lo tanto, España ¿por qué no? El problema que tenemos aquí es el de siempre: que nadie cree en ti hasta que no tienes un proyecto asentado y ganes mucho dinero. Qué le vamos a hacer, seguiremos esperando o tendremos que irnos. Por la tendencia que estamos observando de algunas empresas, probablemente acabemos en EE.UU. En nuestro país no hay mentalidad innovadora. Hace pocos días, se publicó que España había perdido dos puntos como país puntero en tecnología, y te echas las manos a la cabeza: estamos aquí cuatro tíos, con un proyecto innovador y nadie nos da nada. Es una pena, la verdad.
Mira, cuando estuvimos en Taiwán la primera vez, fuimos a una empresa de robótica. Allí, nada más llegar, nos mostraron un robot que bailaba. Y yo pregunté “¿…y? ¿qué más sabe hacer?” No sabía hacer nada más. Por eso me da una rabia tremenda cuando dicen que para esos productos se han invertido millones de euros. ¡Si a mí me dieran esa cantidad…!

 

Q.bo, el primer robot con la cabeza en la Nube.

G.T. Explicas en tu página web que, hasta que llegó Q.bo, no existían alternativas reales en robótica para el consumidor de a pié. Quedan pocos proyectos en marcha de todos los que empezaron, debido a los altos costes que genera construir en este campo. ¿Cómo habéis logrado reducir los costes para hacer asequible esta herramienta a los usuarios?
F.J.P.
Hay dos partes importantes para que el precio se haya reducido: la estructura que tenemos como empresa (prácticamente todos somos unos enamorados de la robótica que tratamos de hacerlo lo mejor posible), y que todo lo que lleva dentro Q.bo es de uso normal, cosas que sean estándar y fáciles de conseguir. Por ejemplo, Q.bo lleva una miniTX, la batería que usa es de moto, los motores son EMG30 –motores estándar de robótica-, los ojos son dos webcam normales…
Partiendo de esta base de abaratamiento de costes, contemplamos dos opciones: o que la gente se fabricase la carcasa del robot o dársela nosotros. Optamos por la segunda, invirtiendo todo el dinero en moldes. Una vez que se tiene la carcasa –lo más caro del producto-, es mucho más barato fabricar cada una de las piececitas.
Al final, lo que te encuentras es un robot bastante económico y muy muy potente porque utiliza lo último en software: las últimas versiones de Linux y Ross, el sistema operativo de Willow Garage. Es decir, lo último de lo último.

G.T. El hecho de tener un sistema operativo open source no es una novedad en robótica. Conocimos en su momento los productos RobotCub, RoboCar y PR2, experiencias que en algunos casos tuvieron buen resultado y en otros no. ¿Porqué una nueva apuesta por el código abierto? ¿qué ventaja añade consigo este software sobre los privativos, en un campo como es el de la robótica?
F.J.P.
Pues básicamente que con un sistema abierto, puedes hacer lo que quieras con él. Realmente la filosofía de este proyecto es que la gente genere información y al final la comparta, al más puro estilo open source. Nosotros ponemos la caja –el hardware- y los usuarios desarrollan. Hay gente por ahí fuera muchísimo mejor que nosotros, que puede coger el robot y darle mil vueltas. A esas personas les falta la herramienta con la que desarrollar, y eso es lo que nosotros les damos.
Para ello, pondremos a disposición de todos los que adquieran Q.bo unos foros donde contar lo que han conseguido, y si es realmente interesante, se añadirá al repositorio, de forma que el resto de los robots tengan esa aplicación, ese conocimiento desarrollado por la comunidad. La idea es que esté todo en la Nube. Ya se encargará alguien de desarrollar aplicaciones concretas para cada caso. Ese es el sentido del open source. Es lo que respondo siempre que me preguntan el motivo de elegir el open source: por eso precisamente, porque habrá gente por ahí que diga “voy a hacer un módulo para nosequé…” ¿Posibilidades? ¡Infinitas!

Realmente la filosofía de este proyecto es que la gente genere información y al final la comparta, al más puro estilo open source. Nosotros ponemos la caja –el hardware- y los usuarios desarrollan.

G.T. Entonces, la verdadera revolución del robot reside en el Cloud Computing...
F.J.P.
Lógicamente, Q.bo es un robot que no está vivo, pero hemos colocado su cerebro en la Nube por lo que parece realmente que aprende como un niño. Por ejemplo, en la Campus Party enseñamos a nuestro robot el pingüino Tux de Linux, y al preguntarle qué es esto, el robot respondía 'I d´ont know'. Pero desde Madrid, vía Skype, le decían: esto es un pingüino. En un minuto Q.bo tenía toda la información. Entonces desde Valencia se le ordenaba 'Get the last picture from de cloud', y en ese mismo momento, delante de toda la gente, le volvimos a enseñar la imagen respondiendo “esto es un pingüino”. Esto es el Cloud Computing en robótica.

G.T. La idea realmente es innovadora y muy llamativa. Ahora bien, con total seguridad, el usuario se plantea inmediatamente la pregunta: ¿qué posibilidades tiene vuestra 'criatura'? Y de ahí surgen otras: ¿cómo puede resultarme útil? ¿simplificará algo mi día a día? ¿cómo se le puede sacar utilidad a un robot de similares características en una vivienda?
F.J.P.
El robot no es nada comparado con todo lo que queremos crear alrededor. Las posibilidades de esta herramienta son infinitas: telepresencia, como acompañante, para divertirte, para hacer preguntas, aprender de programación, compartir cosas con otra gente… incluso como guía turístico. En el fondo, Q.bo es un robot social.
Aparte de esto, tenemos la posibilidad de crear una red social solamente para robots. Es un concepto que me gustaría sacar dentro de poco. El planteamiento es, ¿qué hacemos nosotros cuando nos vamos a descansar por la noche?: dormimos, tenemos sueños. Pues queremos que el robot haga un poco lo mismo. Tú te vas a la cama, él se va también a la cama, que es su sitio de carga. Y en ese momento, Q.bo se conecta a un mundo virtual, a una plataforma, open source por supuesto, en la que cada robot tenga su parcela y pueda conectarse con otros robots. Entonces yo le cuento mis inquietudes, por ejemplo, “quiero conocer una chica rubia”, y él se encarga de pulular en ese mundo virtual buscando una chica con esas características. Y al día siguiente, cuando me levante, que me diga “he encontrado a una chica tal…”
Pero nuestro planteamiento va más allá. Nuestra idea es que, con el tiempo, todos los robots, aunque no sea Q.bo, puedan conectarse a nuestra nube.

Q.bo se podrá también manejar a través del móvil.

G.T. Cuentan en algunos blogs que, de salir todo conforme se espera, el lanzamiento de Q.bo supondrá un avance significativo en la filosofía comercial de la robótica: un simpático robot de aspecto infantil que permite la participación de programadores mediante el uso del Software Libre. ¿Estáis abriendo un camino nuevo en el sector robótico?
F.J.P.
No, probablemente no estemos abriendo nada nuevo. Lo que pasa es que sí estamos ayudando de alguna forma a llevar un estándar al mundo de la robótica. Ahora mismo no existe nada así, casi todo lo que hay son robots con servos, pero son muy limitados.
Q.bo no tiene un diseño muy innovador, pero cuenta con visión estereoscópica, oídos, movimiento… De esta manera le estamos diciendo a la comunidad “mira, aquí tienes a un niño pequeño, con todo por aprender y muchas posibilidades: ahora puedes empezar a desarrollarlo y a programar”.

G.T. ¿Cuál es tú objetivo?
F.J.P.
Son muchas cosas a la vez. La primera, alcanzar un sueño que yo tenía hace muchos años. Que se materialice eso es lo más importante, si recupero el dinero que he invertido en el proyecto, fantástico, pero sobre todo materializarlo.
Y en segundo lugar, pasar el test de Turing sería para mí algo único. Si logramos vender –por ejemplo- un millón de Q.bos e introducirlo en miles de hogares en el mundo, tendría en la nube millones de conversaciones, de expresiones… y todo eso quedaría almacenado arriba. De esta manera, si el juez preguntara al robot “hola, ¿cómo estás?”, él tendría muchas repuestas para darle. Si pasamos Turing, sería el primer paso para lograr tener hogares inteligentes, interactuar con todo lo que nos rodea.
¡Yo no quiero hacerme rico, ni nada por el estilo! Mi idea, al final, es que alguien haga algo por la inteligencia artificial. Nadie está haciendo nada porque tampoco hay alternativas reales que permitan hacerlo: nadie se va a poner delante del ordenador de su casa a charlar con algo que no funciona. Sin embargo, si lo haces con un 'robotito' en tu casa, jugando con tus niños, sí que lo vas a hacer. Y en eso estamos trabajando.  
Además, cuando sea mayor quién sabe si estaré solo. Si tengo esta herramienta, podré llegar a mi casa y conversar con una máquina que aparentemente tenga la misma “humanidad”, aunque yo sepa que es artificial, como para que pueda hablar con él y me encuentre cómodo.

¡Yo no quiero hacerme rico, ni nada por el estilo! Mi idea, al final, es que alguien haga algo por la inteligencia artificial. Nadie está haciendo nada porque tampoco hay alternativas reales que permitan hacerlo.

G.T. Como hemos podido comprobar, Q.bo está en un estadio muy avanzado de su realización. ¿En qué fase podrías decir que os encontráis? ¿Cuál es el 'timing' previsto? ¿Falta mucho para poder ver a este “robot español” en los escaparates de las tiendas?
F.J.P.
Prácticamente, ya está terminado. Estamos a la espera de recibir de Taiwán los moldes que esperan en Pamplona para empezar a tirar los robots en la cadena de montaje.
Pero no se va a vender cien por cien montado y mucho menos en escaparates. Quiero crear alrededor un ecosistema brutal, formado por los usuarios de open source y de las 'apps store', comunidades donde tenga mucho peso el compartir. No quiero ser como las grandes empresas informáticas, que venden su producto, el usuario paga y ahí se acabó todo. No, nosotros vamos a dar el robot semi-montado (con sus carcasas, sus webcam, los motores. Los párpados...), pero otros elementos los tendrá que montar la gente: baterías, placas…  
El canal de ventas va a ser a través de una 'robotshop' por Internet. El precio que barajamos andará en torno a los 600 euros, cuando estos robots suelen rondar los 8.000 euros.

Javier Paz con parte del equipo programador de Q.bo

G.T. Supongo que tendréis analizado el tipo de usuario que adquirirá este producto, ¿cómo lo definirías?
F.J.P.
Tenemos la estrategia dividida en tres partes. Al principio vamos a lanzar un set para los bloggers que nos están siguiendo, de manera que nos den su opinión y digan las cosas que deberíamos cambiar. Después irá destinado a gente especializada en robótica, como las universidades, que están muy interesadas, sobre todo por el coste que tienen. Y la última línea será directamente el usuario final, que es el que nos interesa a nosotros.
Ahora mismo, no tenemos un target concreto de usuario. De igual forma que han convertido los libros normales en ebook, quiero convertir los animalitos (un perro, un gato) en Q.bo. En el fondo es hacer una mascota digital.

G.T. En muchas de tus entrevistas y artículos de los últimos meses, cuando hablas del robot Q.bo aparece siempre la idea de que “con él cumples un viejo sueño”, que nunca debemos dejar de ser niños”. ¿Por qué crees que la robótica provoca tanta fascinación en nuestra sociedad?
F.J.P.
(risas) Está claro que por el cine. Yo realmente estoy metido en esto porque cuando era pequeño me regalaron un libro. Allí ponía “lo que veremos en el año 2000”. Llegó ese año y todo seguía igual, sin grandes cambios y me pregunté “y ahora, ¿qué?”
Cuando vendí mi empresa de informática, podía haberme ido a una isla desierta y dedicarme a vivir la vida. Pero mi gran sueño era fabricar un robot y pasar el test de Turing, me obsesioné mucho con ese tema. Ese es el objetivo final. Si pasamos Turing, no habrá un paso más, habré colaborado con el progreso, mi vida habrá tenido un sentido.

 

¿Qué es el Test de Turing?

Conocido por este nombre, es una prueba propuesta por Alan Turing para demostrar la existencia de inteligencia en una máquina. Fue expuesto en 1950, siguiendo uno de los mejores métodos para los defensores de la inteligencia artificial. Se fundamenta en el supuesto de que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente.
La prueba consiste en un desafío. Se pone un juez situado en una habitación, y una máquina y un ser humano en otra. El juez debe descubrir cuál es el ser humano y cuál es la máquina, estando permitido a los dos mentir al contestar por escrito las preguntas que el juez les hiciera. La tesis de Turing es que si ambos jugadores son suficientemente hábiles, el juez no podrá distinguir quién era el ser humano y quién la máquina. Todavía ninguna máquina ha sido capaz de pasar este examen.
En 1990 se inició un concurso, el Premio Loebner, una competencia de carácter anual entre programas de ordenador que sigue el estándar establecido en la prueba de Turing. El premio está dotado con 100.000 dólares estadounidenses para el programa que pase el test y un premio de consolación para el mejor programa anual. Tampoco ha sido otorgado el premio principal.

 

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